Aprendiendo a vivir en la normalidad
Ayer, veinte meses después de su última eliminación en una ronda eliminatoria (semifinales de la Liga de Campeones 2007/08, ante el Manchester United, y aún con Rijkaard en el banquillo), el FC Barcelona volvía a caer apeado de una competición en su duelo de octavos de final de la Copa del Rey ante el Sevilla FC. La primera eliminación de la era Guardiola ha llegado de la manera más extraña: con un juego espectacular, al menos en la segunda mitad, y con toda la artillería pesada sobre el césped. Sin despreciar la Copa, como algunos se habían aventurado a sugerir tras el partido de ida de hace siete días. Tengo, además, la particular sensación de que si había algún equipo capaz de sacar del bombo de la siguiente ronda al Barça, ése no era otro que el Sevilla. Sin pasar por su mejor momento de la temporada (la de ayer es la tercera derrota consecuutiva en su propio estadio, donde no gana desde el 10 de noviembre… al Atlético Ciudad), los hispalenses doblegaron al hexacampeón de 2009 merced a un partido espectacular en el Camp Nou, batallando cada espacio sobre el terreno y mordiendo en cada balón perdido: puro Sevilla.
Hace casi tres meses, y con motivo de la sorprendente derrota ante el Rubin Kazan, yo mismo escribía sobre la importancia de extraer una lectura positiva de una batalla perdida. Aquella advertencia era un preludio de que la gloria no es perenne y la supremacía en el fútbol es siempre pasajera.
Comentábamos también hace unas semanas, y con motivo de la conquista del Mundial de clubes por parte del equipo azulgrana, lo complicado que resultaría haberse convertido en una referencia histórica (y el actual Barça lo es), cuando aún tienes muchas cosas que hacer y muchos títulos que alzar por delante. A esta eliminación temprana, entre otras cosas, era a lo que nos referíamos. ¿Cómo digerir el hecho de ya no ser capaz de igualar los descomunales registros de la temporada pasada?
Entiendo que la caída del campeón de Copa ha devuelto al fútbol a la normalidad, al statu quo ante bellum. Era impensable, teniendo en cuenta que sólo se había dado una vez en la historia, repetir una hazaña como la lograda en 2009 en idénticos términos. Aprender a vivir con esa normalidad, ese estado habitual del juego, era parte de la misión de Pep Guardiola de cara a esta nueva temporada 2009/10. Preparar a un equipo imbatible para la derrota, previsible derrota, era quizá la misión más compleja del joven técnico azulgrana. El tiempo dirá si el Barça ha sabido encajar el golpe con naturalidad. Mientras tanto, habrá quien siga alegrándose y festejando que el eterno rival ya no sea capaz de volver a ganar seis títulos en una sola temporada… Ellos, seguro, no habrán sabido encajar la derrota.