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Año y medio sin encontrar el sitio

El jugador no sabe dónde está; lo mismo estás en la grada que de titular. Así es difícil centrarse
Haris Medunjanin, un gran reserva a pequeños sorbos

José Luis Mendilibar tiene fama de decir las cosas claras y a la cara. Sin artificios y sin medias tintas ni palabras de adorno. Es su manera de trabajar y de gestionar su plantilla. Es fácil verle venir. Quizá esa tendencia a no ocultar la realidad y a ser crudo y directo con sus futbolistas cuando tiene que comunicarles algo esté cuajando en muchos de los hombres que se entrenan bajo sus órdenes. A Haris Medunjanin, exquisito pero inconstante mediapunta bosnio-holandés del Real Valladolid, las cosas no están terminando de salirle todo lo bien que desearía en su periplo pucelano.

Llegado hace dos veranos a la capital castellana, Medunjanin ha estado siempre marcado por cierto aire de futbolista poco trascendente, muy técnico pero excesivamente frío. Un jugador con capacidad de definición, idóneo como revulsivo para los minutos finales de un partido atascado. A eso ha quedado confinado el centrocampista. Porque a Medunjanin, pese a su aparente frialdad sobre el césped, le pueden las ganas. Mejor dicho, le ‘matan’ las ganas. Sumido en un estado de ansiedad por hacerlo todo, y todo bien, cada vez que salta al campo, es difícil que salgan partidos completos.

Debe de ser costoso de digerir quedar relegado a un papel no ya secundario, sino terciario. Sobre todo cuando tus goles salvadores en los minutos finales han salvado ya varios puntos para tu equipo, y cuando ves que la zona de creación presenta un peligroso encefalograma plano. No tener premio en forma de continuidad en el once ha terminado por encender la mecha de Medunjanin (oculta en este año y medio de apariciones con cuentagotas), justo en el momento más complicado de Mendilibar al frente del Valladolid.

En DDF| Haris Medunjanin, un virtuoso a orillas del Pisuerga

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