A vueltas con la mano de Adriano
Como nuestros más veteranos lectores ya saben, aquí somos seguidores a ultranza de Fiebre Maldini, la cita obligada de la tarde/noche de los lunes. Muchas veces ya hemos glosado sus fantásticos reportajes, sus excepcionales historias o el descomunal nivel medio de sus tertulianos.
Por eso, a quien esto firma le sorprendió enormemente la discusión, por llamarla de algún modo, que se montó en torno al penalty de Adriano, que a la postre fue decisivo la victoria para el Inter en el derby milanés. Se hablaba de la jugada como de un error flagrante del árbitro, casi ridículo, y se contextualizaba la jugada en un típico memorial de agravios arbitrales que casi siempre han favorecido más a lo rossoneri. Asimismo, parecía ofrecerse como prueba la famosa foto que a estas alturas todos hemos visto, en la que el díscolo punta brasileño toca claramente el balón con el brazo, antes de que éste se aloje en la red del desesperado Abbiati.
Aunque no se dijo en el programa tan explícitamente como se oye con frecuencia en radios y otros medios de comunicación, el debate parecía participar de una idea que está ciertamente extendida entre mucha gente, y que hay que aclarar tantas veces como sea necesario: la claridad de una mano NO es, de ningún modo, el factor que decide si se comete infracción o no; de igual modo, tampoco lo son las consecuencias del impacto, ni que éste haya “hecho juego” o no. Lo único que debe contemplar un árbitro a la hora de sancionar la falta o penalty correspondiente es la voluntariedad de la acción, o sea, si el futbolista utiliza la mano intencionadamente para sacar provecho. Eso no puede verse en la foto de Adriano, ni casi en ninguna de una acción similar, y debe juzgarse por criterios tales como que la mano vaya al balón y no al revés, que no sea una protección instintiva, o que el jugador esté de cara al balón y no de espaldas a él. Todos estos condicionantes son los que debe tomar en cuenta el árbitro para interpretar la jugada, y no que la mano sea más o menos flagrante ni la jugada acabe en gol o no.
Si analizamos la acción concreta del derby, hallamos que Adriano trata de cabecear un balón que viene centrado, pero el testarazo es defectuoso y sale hacia abajo, rebotando en el brazo y entrando en la portería. Adriano lleva los brazos abiertos, como es habitual en este tipo de remates, pero no se observa un movimiento ex profeso del brazo para introducir el balón en la portería. ¿Qué es posible que el ariete se remate conscientemente en el brazo sabiendo que el rebote va a dentro? Sin duda, pero la alternativa, que el toque en el brazo sea involuntario, es al menos igual de plausible, si no más. En estas condiciones, parece lógico al menos dar el beneficio de la duda al árbitro; y sin embargo, parece que el “argumento” de la claridad tiene muchos adeptos, hasta el punto de que en Italia se han planteado sancionar al delantero por juego sucio. Si lo hacen, será una injusticia en toda regla, porque de las imágenes es imposible colegir sin duda razonable que el delantero utilice voluntariamente la maniobra ilegal. Y esto, la voluntariedad, es lo único importante a la hora de sancionar, por mucho que oigamos repetido, una y mil veces, el argumento falaz. Hasta en los mejores foros.