A favor de un fútbol imperfecto

Hoy arranca la Europa League, esta UEFA recauchutada que Michel Platini y compañía han previsto como laboratorio de pruebas para sus nuevos inventos. Desoyendo el clamor que aconsejaba para Europa una cultura arbitral similar a la que disfrutan en las regiones más meridionales del Cono Sur (ver foto), Platini ha optado por presentarnos una implementación bien diferente. Soportar las ocurrencias de los tres de negro y el molestón del chándal no es suficiente castigo, a juicio de los sabios UEFA, para el sistema nervioso del espectador y por ello nos han reservado tratamiento de shock. Los nuevos trencillas, en realidad una figura ya utilizada en los albores del fútbol reglado, trabajarán tras las porterías y serán los encargados de detectar todas las simpáticas barrabasadas que acontecen domingo tras domingo en las inmediaciones del área de penalti y en los lanzamientos a balón parado. Si no estamos viviendo la era de la especialización laboral absurda que alguien intente explicarme lo contrario.
La nueva ola de la nueva ola de la fiscalización futbolística, tras el famoso pinganillo, la sempiterna solución del vídeo o el balón inteligente va a ser, y me pongo las gafas de Rappel, un fracaso sonado. Y es que estas decisiones de sofá van totalmente en contra de la esencia de un juego popular (y pícaro) por antonomasia, aunque estoy totalmente seguro que los fanáticos del fair play van a salir inmediatamente a defenderlas. A estos les recordaría que con tanto control se corre el riesgo de mutilar uno de los ingredientes innegociables, y uno de los más sustanciosos, de cualquier pachanga que se precie: la posibilidad de hacer trampa.
Parece mentira que un futbolista tan imaginativo como era Michel Platini, que nos entregó lo mejor de su fútbol en el equipo que sublima toda la tradición marrullera de Italia, nos venga ahora con estas. Para mi el fútbol también son los agarrones no pitados, las zancadillas arteras en el área, los goles que entraron y el de negro no apuntó, los que se lograron jugando al balonmano, los piscinazos, o las siempre entretenidas tanganas. Porque si eliminamos todos esos ingredientes necesarios a base de normativas tontas los aficionados nos íbamos a aburrir mucho y los periodistas, esta me importa más, tendríamos que ir buscando una nueva ocupación.