“Vallecas, sí, me hace feliz”
En el estadio Teresa Rivero, en la calle Payaso Fofó del madrileño barrio de Vallecas, están viviendo un sueño. “Vallecas, sí, me hace feliz”, como dice el ‘himno’ Como un Rayo, compuesto por Ska-P en 1995. Que una entidad como el Rayo Vallecano esté luchando por ascender a Primera División es un fenómeno que aconseja una apuesta decidida por la estabilidad, la paciencia, la confianza en los profesionales, la utilización inteligente del presupuesto… Una gran noticia para este deporte.
El Rayo fue el tercer equipo de Madrid durante mucho tiempo (quedó clasificado en una meritoria 9ª posición en la campaña 1999-2000), aunque sus malos resultados y el ascenso meteórico del Getafe lo dejaron en un segundo plano. Ahora vuelve a la primera línea de fuego, justo en la peor temporada de los azulones en Primera. Como dos vasos comunicantes. Sería maravilloso ver una categoría de honor con un derbi entre dos referentes deportivos del sur de Madrid.
Casi nadie esperaba tanta resistencia competitiva de este Rayo Vallecano. Un lector de DDF escribía a mediados de febrero, a propósito de la entrada Sueños de ascenso en Vallecas, que los equipos que llegan a Segunda procedentes de Segunda B suelen tener un bajón en torno a la jornada 25 y que lo más lógico era que los rayistas lo padecieran también. Todos podíamos haber suscrito ese temor, pero el Rayo sigue empujando. Prueba de su convencimiento ciego en una empresa hercúlea, en la que tiene poco que perder y demasiado que ganar.
Su última victoria, ante su público y por un marcador abultado ante el Córdoba (resultado final: 5-0), supone una inyección de adrenalina y autoestima muy interesante. El Rayo encara las rampas decisivas de un destino que él mismo se ha procurado: recibe en casa al Elche (esta semana), a la Real Sociedad y al Zaragoza (en la última jornada) y visita los feudos del Levante y las Palmas. Salvo los maños, es posible que ninguno se juegue nada llegado el momento. De todas formas, todos son equipos incómodos y pueden existir incentivos económicos.
Siempre se dice que son los jugadores los que, al final, hacen buenos a un entrenador y un director deportivo. Pero sí que es cierto que tanto Felipe Miñambres en los despachos como Pepe Mel en la caseta han sido piezas clave en la trayectoria de este club. Diseñar una plantilla y materializar un plan anual de trabajo (desde la pretemporada, hasta los entrenamientos, las concentraciones habituales y también las excepcionales, la labor de motivación…) en una entidad que había pasado cuatro años en Segunda B y se presentaba en esta Liga Adelante con el reto de evitar el descenso no es fácil. No sólo han conseguido el objetivo, sino que luchan por un premio más ambicioso.
Dos profesionales modestos, de perfil bajo y aficionados al trabajo callado. Desde que el equipo demostrara que tenía juego suficiente para competir por algo más que huir del ‘infierno’, siempre se ha escuchado el mismo discurso en Vallecas: la regla del partido a partido es la única manera de subir. El vestuario parece haber superado el último momento de dudas, tras las derrotas dolorosas ante el Alicante (2-0) y el Albacete en casa (0-3). Y en esa labor ha tenido un papel importante su entrenador, que siempre ha creído en sus jugadores. Juan Carlos Mandiá, míster del Hércules, aseguró esta semana en una entrevista que “la pelea por el ascenso está siendo terrorífica”. Entre otros motivos porque el Rayo no ceja en su empeño y Mel vigila para que sea así.
(Como un Rayo, de Ska-P)