¿Copa Confederaciones o Torneo de la Galleta?
El próximo domingo, allá en la lejana Sudáfrica, arrancará la sexta edición (octava, si contamos las dos ediciones embrionarias), de la Copa Confederaciones de la FIFA. El Torneo habría pasado completamente desapercibido en nuestro país de no ser por el hecho de que, sí, somos campeones de Europa y nos ha caído en gracia tener que ir a sobrecargar aún más la temporada con varios partidos que serán absolutamente intrascendentes hasta la final.
El único recuerdo firme que conservo de las siete ediciones anteriores del torneo, es aquella ‘bomba inteligente’ de Roberto Carlos ante Fabien Barthez, en la edición del 2001, en Korea. Con eso creo que está dicho todo sobre el interés que me suscita el campeonato en cuestión. En esta edición de 2009, el torneíllo va más allá de la mera anécdota: juegan los nuestros, los actuales campeones de Europa, para terminar de rematar una campaña repleta de partidos, y para forzar aún más a unos jugadores que, en determinados casos, llegan extremadamente justos a la cita sudafricana.
El origen de esta Copa Confederaciones siembra muchas sombras sobre su ya de por sí dudosa idoneidad en el calendario. Ideada por el Rey Fahd de Arabia Saudí, en su primera edición, disputada en el país árabe y aún bajo la denominación de Copa del rey Fahd, el torneo se disputó entre Argentina (campeón), Arabia Saudí, Costa de Marfil y Estados Unidos. Ya en su segunda edición, en 1995, el torneo, todavía disputado en Arabia, acogió al campeón de Europa, la selección danesa, que acabó coronándose campeona de aquella segunda cita intercontinental.
Lo que había nacido como una especie de capricho de un Rey poderoso y adinerado, acabó auspiciado bajo la FIFA, cobrando una cierta ‘oficialidad’ como torneo intercontinental de selecciones nacionales. Ya en su tercera edición, en el 97, acogió a ocho selecciones, entre ellas la República Checa, como subcampeona de Europa en el 96, que ocupó la plaza que correspondía a Alemania, quien declinó la invitación de la FIFA, poco convencida de la seriedad del torneo. Fue el primero de los tres títulos de Brasil.
La del 97 fue la última edición celebrada en Arabia Saudí. En su empeño por darle una pátina de seriedad al evento, la FIFA decidió que el torneo fuera itinerante, como un Mundial en pequeño. Así, en el 99, México albergó un campeonato que se llevó la selección anfitriona, derrotando en la final a Brasil (quien participó ante la negativa de Francia de desplazarse hasta el país azteca).
En 2001, el torneo adoptó la periodicidad y composición que actualmente conocemos. Empezó a disputarse en el país que albergaría el Mundial, y en el verano anterior a la disputa del gran evento de selecciones. Korea y Japón albergaron una de las ediciones más recordadas, la de la Francia campeona del Mundo (que cayó en la fase de grupos por 1-0 ante Australia) y la derrota de Brasil (1-0) ante Australia en el tercer y cuarto puesto.
Las ediciones de 2003 y 2005 pasaron, al menos para mí, completamente desapercibidas. Puede que la edición del 2005, disputada en Alemania, fuera la más imponente en lo que a participación se refiere (Alemania, Brasil, Argentina o Grecia, entre otros), pero de ella, lo único que recuerdo fue la buena actuación del interista Adriano y del argentino, ex del Villarreal, Lucho Figueroa.
Pese a todo, pese a que en los últimos años el torneo se ha visto enriquecido por el creciente interés de las selecciones participantes, nada parece liberar a la cita de cierta sensación de provisionalidad y oficiosidad. Resulta poco serio, y poco creíble, organizar una especie de Mundial en miniatura, cuando todos estamos expectantes ante la cita verdaderamente importante: la de junio de 2010.
Pese a la intrascendencia (apreciación personal, ojo) del torneo de marras, a muchos nos pica la curiosidad de ver a España enfrentándose a Brasil o, de nuevo, a Italia. Quizá sea ése el único aliciente de esta Copa Confederaciones. Ése… y que todos lleguen enteros.